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jueves, 28 de octubre de 2010

Sol y Luna




Erase una vez dos astros que levitaban cada uno en su órbita. Uno era grande y luminoso, era al que llamaban Sol, y la otra era mucho más pequeña y no poseía luz, solo reflejaba la que le venía de otros astros diferentes. Cada uno iba por su órbita, sin mirar al otro, siguiendo su camino evitando chocarse con obstáculos para no sufrir. Esto sin embargo no siempre era posible, y muchas veces algunos cometas o trozos de otros astros que no tenían rumbo fijo se interponían en su trayectoria y nuestros dos protagonistas no eran capaces de esquivarlos. El Sol cada vez que esto ocurría se tragaba al enemigo envolviéndolo con su cuerpo de fuego, y conseguía siempre vencerlo sin sufrir apenas rasguños,pero la Luna, mucho más frágil, con cada golpe que recibía una cicatriz se formaba en su rostro, y al cabo de los años su cara parecía una cordillera de bultos y cráteres.

A la Luna le gustaba la oscuridad, ella era tímida y de ese modo evitaba ser vista, aunque siempre había algún gracioso que la iluminaba por las noches para que todo el mundo pudiese reírse de su magullada cara. Tenía muchos complejos, y con lo mal que lo había pasado estaba siempre deprimida, buscando rincones oscuros donde meterse para no ser descubierta. El Sol sin embargo era valiente y poderoso, su tez era brillante y siempre irradiaba calor y felicidad. Sabía que gracias a él miles de personitas podían vivir y por ello todos los días salía a la calle para hacer lo que más le gustaba, mostrar su alma al resto, que envidiosos le miraban y cotilleaban a sus espaldas, muriéndose de celos.

Sol y Luna sabían de su existencia, pero nunca se habían parado a mirar al otro. A la Luna le daba miedo que fuese un gracioso más que le alumbrase en modo de burla, y al Sol nunca se le había ocurrido fijarse en alguien tan tímido y del que todos dicen barbaridades. Sin embargo una noche nublada, en la que el frío gobernaba las calles llenas de borrachos de última hora y barrenderos acabando el turno, la luna salió de su escondite, pensando que con tanta nube nadie, ni siquiera el más perspicaz, sería capaz de alumbrarla con su luz para que el resto la viese. El Sol también andaba por allí husmeando, aunque esta vez era él el que se escondía, y justo en un callejón sin salida, al que los dos fueron a parar por equivocación se encontraron de sopetón. La luna muerta de miedo se quedó parada, ocultando su cara tras las pocas sombras que dejaba el resplandor del Sol. Sol por su parte, pese a no verla del todo, quedó prendado de ella, y en vez de burlas y tonterías comenzó a hablarle como si de un astro normal se tratase. La Luna quedó sorprendida y no sabiendo como actuar se sonrojó sin decir una palabra. Poco a poco la Luna perdió el miedo, porque vio que el Sol no era como el resto, Él la quería de verdad, y no solo para burlarse de su fea cara. Surgió el amor más rápido, más sincero y más perfecto que habían soñado jamás. Todos les envidiaban y les miraban con resquemor, dándose ahora cuenta de lo que la Luna valía y lo que se habían perdido. Del Sol por su parte quedaban impresionados por enamorarse de un astro como ella, de la que todos siempre hablaban mal, pero él siempre decía que el rostro exterior no es lo importante, y la Luna tenia el rostro interno más bonito que existía.

Así pasaban los días, huyendo de los comentarios envidiosos de la gente, viviendo sus vidas, siguiendo sus trayectorias pero procurando verse día a día,noche tras noche el Sol alumbraba a la Luna para que ésta no se sintiese sola, y ella perdió el miedo y mostró su cara al resto, quienes se dieron cuenta de lo equivocados que estaban. Al principio fue difícil, el tiempo pasaba rapidísimo cuando se veían, y necesitaban más y más, incluso había veces que la luna dejaba asomar su cara durante el día, buscando al Sol y su calor, intentando alargar el tiempo que tenían para estar juntos...

Y colorín colorado...este cuento se ha acabado...

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